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El núcleo principal de la ciudad se ubica en lo alto de un cerro o cabezo, formando una verdadera acrópolis de 500 metros de longitud por 100 de anchura máxima.
La acrópolis está defendida por varios anillos de murallas y un foso. Este foso se salva actualmente por medio de un puente que originariamente debía ser de madera, fácilmente desmontable.
Tras pasar el foso se llega a una amplia zona abierta que permite acceder a dos entradas a la acrópolis; la principal, al sur, y otra al norte.
Cerca de la entrada principal aparece un gran depósito de agua o aljibe de 10 metros de profundidad y unos 660.000 litros de capacidad. Se llenaba con las aguas de lluvia procedentes de los tejados y calles, recogidas gracias a un sistema de canalizaciones.
Frente a la puerta principal de la ciudad, tras las murallas, aparece un pequeño templo urbano que sigue fielmente modelos romanos.
El urbanismo de esta acrópolis está dibujado por una calle central, que se bifurca en dos al sur del cabezo, que distribuye las viviendas, organiza los espacios públicos y conecta con calles laterales y las puertas de la acrópolis.
Las calles están pavimentadas con losas de piedra con aceras elevadas. Las calles todavía conservan los surcos dejados por las ruedas de los carros.
En la zona norte del cabezo, entre los edificios, aparecen dos torres cuadradasmuy próximas entre sí. Estas torres se elevarían sobre las viviendas para vigilar un amplio territorio, divisándose desde ellas otras ciudades ibéricas próximas como las que existirían en los yacimientos arqueológicos de El Cabezo de la Bovina en Vinaceite o La Romana de La Puebla de Híjar.

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